...hagamos una primera escala en este pasaje infinito, de infinitos caminos, de infinitas puertas que dan a infinitos mundos de infinitas formas... que son las sensaciones, las emociones, hablemos de lo que sentimos y de cómo lo sentimos. De eso se trata el viaje que yo les propongo.
Un poco por estar atravesando el camino de la transición, si pienso en la sensación más fuerte que hoy reina en mi vida, pienso en " la espera" ese acúmulo de letargo y nerviosismo, que poco tiene que ver con mi forma ansiosa e impulsiva de encarar la vida, claro.... Pero bueno, esta puede que sea una espera a brazos abiertos, de cara a la luz, de ilusiones, una espera como una preparación para recibir...pero hay otras esperas no tan esperanzadoras, que suelen ser fuentes de desesperación, de inquietud, cuando se espera algo que se ignora si se producirá o no...la pregunta es...en estos casos, hasta dónde uno no se limita a sí mismo, en lugar de salir a buscar lo que de alguna manera tarde o temprano le corresponde?... vale la pena esperar?
La espera...
El síndrome desinflado de la espera desarma su juego en partituras. Sinfónico y metal, se arrastra lento. Serpentea subiéndose a mi silla, me busca metódicamente en los párpados lacrados, en la ansiedad incipiente, arañando cada rincón de lo moviente, insiste, se multipica en una próxima bocanada, la que vendrá a vaciarme el recuerdo cálido de manos turquesas y mares cansados. Sujetándose de un platillito suave, de un fondo trémulo de jazz, interviene en el cimbronazo turbio del reloj en contratiempo con mi pasar delgado de flores marchitas, de tallos vacíos, de capullos de otoño.
La espera copiosa, nutrida, expectante, trae las palabras, las arroja a toneladas, las ahoga y luego se va. Sin ser más que un rastro perdido y criminal.
martes, 28 de noviembre de 2006
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